lunes, 17 de mayo de 2010

Baudelaire. El pintor de la vida moderna.



Charles Baudelaire, poeta y crítico francés, fue el principal representante de la escuela simbolista. Nació en París el 9 de abril de 1821 y estudió en el Collège Louis-le-Grand. Sus padres le enviaron a la India en 1841 con la intención de que abandonara su carrera literaria, pero regresó a París en 1842. Empezó a escribir críticas en la prensa nacional con el fin de solucionar sus problemas económicos. Entre sus primeras publicaciones importantes están dos cuadernillos de crítica de arte, Los salones (1845-1846), en los que analizaba las pinturas y los dibujos de artistas contemporáneos franceses como Honoré Daumier, Edouard Manet y Eugène Delacroix.
Su primer éxito literario llegó en 1848, cuando aparecieron sus traducciones del escritor estadounidense Edgar Allan Poe. La principal obra de Baudelaire, una recopilación de poemas que lleva por título Las flores del mal, fue publicada en 1857. Inmediatamente después de su publicación, el gobierno francés acusó a Baudelaire de atentar contra la moral pública. A pesar de que la élite literaria francesa salió en defensa del poeta, Baudelaire fue multado y seis de los poemas desaparecieron del libro. Su siguiente obra, Los paraísos artificiales (1860), es un estudio autoanalítico basado en sus propias experiencias. A partir de 1864 y hasta 1866, Baudelaire vivió en Bélgica. En 1867, sufriendo una parálisis, regresó a París, donde murió el 31 de agosto.

Baudelaire es considerado hoy como uno de los mayores poetas de la literatura francesa, con un sentido clásico de la forma, una gran habilidad para encontrar la palabra perfecta y un gran talento musical. Su originalidad, que causaba tanto asombro como rechazo, le consagra dentro de un lugar al margen de las escuelas literarias de su época. Su poesía es para algunos la síntesis definitiva del romanticismo, para otros la precursora del simbolismo y para otros, la primera expresión de las técnicas modernas.
A continuación analizaré un fragmento de su obra El pintor de la vida moderna, en concreto del capítulo IV, La modernidad. El pintor de la vida moderna nos sirve de fuente primaria para la Historia del Arte, para comprender la nueva concepción del arte que se estaba formando durante el siglo XIX. Escrito entre 1859 y 1860 y publicado en 1863, el motivo fue su amistad con el pintor Constantin Guys (1802-1892), cuyas obras y procedimientos describe en varios de los capítulos.
Baudelaire fue, además de poeta, un extraordinario crítico de arte. Como crítico de arte, Baudelaire es el mejor testigo de la obra plástica de su tiempo. Anticipó el arte moderno y fue maestro de la crítica de arte, Baudelaire propuso la aplicación de la imaginación y la introducción de la poesía en todas las funciones del arte. Destaca los vínculos que existen entre la poesía y la pintura, las afinidades estéticas entre un lenguaje y otro, además de la forma y la construcción de ambos lenguajes.
Baudelaire es el descubridor de la modernidad. Vemos aquí que la usa para expresar lo que caracteriza al artista moderno. Hablando también sobre el problema del arte en la modernidad, Baudelaire diría en 1863 que "la modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, que es la mitad del arte, cuya otra mitad es lo inmutable". De este modo se refiere a los artistas modernos diferenciándolos en dos tipos, el Voyeur y el Flaneur. El primero de ellos es el pintor que pinta lo que ve, el último es la persona que experimenta la modernidad, que vive en ella. Al hablar de este tipo de artistas se está refiriendo a los pintores impresionistas que estaban comenzando a plasmar su arte en aquella época. Rechaza a todos los pintores de la Academia, por su rechazo al cambio, y su tradición a la hora de ejecutar sus obras, como por ejemplo obcecándose en pintar temas de naturaleza general aplicable a todas las épocas, pero sin embargo representándolos a la manera clásica y no a la contemporánea. Cada época tiene un estilo que la define, un ideal de belleza propio de cada tiempo, y ese es, según Baudelaire, el que se debe representar en la pintura. En este fragmento realiza un manifiesto en contra de lo que se venía haciendo en el arte, se pueden copiar a los maestros pero sólo en algunos procesos técnicos, ya que es algo superfluo. El pintor moderno no debe dejar que su formación clásica le influya en su creación. Es un testimonio muy importante para analizar la época de los impresionistas.

A continuación comienza hablando del alma, de lo espiritual, y de lo material y efímero. El cuerpo, es decir lo material, es reflejo de lo espiritual, del alma; aquí debe existir una correlación.
El arte también está dividido en alma y cuerpo. El alma es lo eterno e inmutable de la belleza, mientras que el cuerpo es lo fugaz, lo circunstancial. El componente eterno está formado por los principios estéticos de Aristóteles: armonía, orden, simetría, ritmo. Las formas, por su fugacidad, son expresión del fondo espiritual.
El problema se le presenta al pintor de la vida moderna cuando pretende captar lo efímero de la novedad del presente, que es la vida cotidiana, las cosas externas sin importancia. Esta vida esta en continuo cambio por lo que una ejecución igualmente rápida por parte del artista.
Según Baudelaire, el tiempo presente es muy importante, lo antiguo es el arte puro, el método por el que los artistas se forman, pero no un modelo a seguir. Es por eso que para la verdadera formación de un artista moderno primero debe ser un Flaneur y después un Voyeur, es decir, primero debe experimentar la vida moderna, vivirla para después pintar todo lo que ve en ella.
Vemos a Baudelaire a través de este texto como uno de los más importantes impulsores del arte, un principio que se fue desarrollando en Francia a mediados del siglo XIX como una novedad histórica dentro de las teorías estéticas, al mismo tiempo que los cambios morales, políticos, sociales…Comienza a ser consciente de la genialidad, de la revolución artística que se estaba iniciando. El arte, para Baudelaire, no es un medio para lograr algún fin predeterminado, sino que es un fin en sí mismo.

Bibliografía:

- Calinescu, Matei. Cinco caras de la modernidad. Tecnos, Madrid, 1991.
- Baudelaire, Charles. El pintor de la vida moderna. Colección de Arquitectura 3, Murcia, 1995.

Bibliografía ampliada:

- Benjamin, Walter: Baudelaire. Un poeta en el esplendor del capitalismo. Taurus, Madrid, 1982.
- De Azúa, Felix. Baudelaire y el artista de la vida moderna. Anagrama, Madrid, 1999.
- López Castellón, Enrique. Simbolismo y bohemia: la Francia de Baudelaire. Akal, Madrid, 1999.
- Ocampo, Estela. El Impresionismo: pintura, literatura, música. Montesinos, Barcelona, 1981.

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